Sant Felip Neri

Las cicatrices de Sant Felip Neri


CARLOS GASCÓ (textos) / TONI AYALA (fotos)

Cualquier viajero curioso, incluso un barcelonés despistado que se aparte de la ruta habitual de paseo entre la Catedral y la Plaça de Sant Jaume, si decide internarse en las callejuelas del Call, puede llegar fácilmente a una pequeña plaza rectangular, enmarcada por edificios renacentistas. Se respira paz en este rincón recogido y arropado, con una fuente octogonal en su centro y viejos árboles que le dan sombra y frescura. Es un remanso íntimo y tranquilo, apartado del bullicio que la rodea a poca distancia.  

Nuestro viajero podrá ver, en uno de los lados de la plaza, la iglesia barroca de Sant Felip Neri. Y no podrá evitar cierta sorpresa al ver que su fachada está acribillada literalmente por furiosas cicatrices. Al acercarse, curioso, para observar estas marcas, verá los agujeros de metralla que deforman las piedras como mudos testigos de una tragedia de otro tiempo.

Parafraseando a Víctor Hugo, quizás de la Iglesia aparezca un parroquiano que, al reparar en el viajero y lo que observa, le diga: – “Eso lo hizo una bomba italiana”.   

Efectivamente, todo el destrozo visible es fruto de las bombas que cayeron sobre la plaza el 30 de enero de 1938. No sólo resultaron heridas las piedras y muros. Una bomba cayó en el centro de la plaza y una segunda hundió el refugio antiaéreo matando a 42 personas, casi 30 de ellas niños, que habían corrido al refugio subterráneo bajo la iglesia. Las bombas, cayendo en un espacio tan reducido, multiplicaron su poder destructivo, hundiendo todos los edificios de alrededor. 

Ese día murieron en Barcelona 216 personas, atrapadas entre los 87 edificios derrumbados. Las bombas, de 250 kilos, pensadas para demoler estructuras, eran italianas, lanzadas por bombarderos Savoia-79 de la Regia Aeronáutica. 

Las 'cicatrices' en la fachada de la iglesia de Sant Felip Neri.

Las ‘cicatrices’ en la fachada de la iglesia de Sant Felip Neri.

 

¿Qué hacían los italianos bombardeando Barcelona?

Al estallar la guerra civil en julio de 1936, el equilibrio de fuerzas dio lugar a una serie de negociaciones internacionales en busca de ayuda decisiva para romper ese equilibrio. La República chocó casi de inmediato con la política de no intervención, escrupulosamente respetada por las democracias, principalmente, Francia e Inglaterra.

Por su parte, los sublevados recibirían amplio apoyo de Alemania e Italia, en forma de armamento y efectivos: 

La Legión Cóndor alemana y el CTV “Corpo di Truppe Volontarie” por parte de los italianos.

El 28 de noviembre de 1936, el gobierno fascista italiano y el gobierno de Franco firmaron un tratado secreto, que ofrecían importantes derechos económicos y estratégicos a los italianos a cambio de su ayuda. Compromisos que, por otra parte, Franco logró evitar más tarde.  

Los contactos de la derecha española con el régimen de Mussolini ya se remontaban a los años 20, durante la dictadura de Primo de Rivera. Aunque el ascenso de Hitler al poder en 1933 supuso un segundo punto de referencia, siempre sería la Italia fascista la que supuso el polo de atracción de los nuevos partidos de la derecha española – la Falange Española o las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas (JONS).

Ya en 1932, en Roma, se había empezado a preparar la colaboración en un eventual intento de derrocar la Segunda República mediante un envío de ayuda al alzamiento de Sanjurjo, ayuda que quedó frustrada solo por la rapidez con que el golpe fue detenido.

A pesar de estos precedentes, ni Italia ni Alemania participaron en los planes del 18 de julio del 36 y la primera reacción de Mussolini fue la negativa a la solicitud de ayuda de Franco, actitud que pronto matizaría, de forma que, a final de julio, ya llegaron a Marruecos los primeros bombarderos italianos, pagados por el financiero mallorquín Juan March.

Era el inicio de la intervención que no se detendría a lo largo de la guerra. Estos aviones, junto a los 25 aviones de transporte Junkers 52 enviados por Alemania, resultaron fundamentales para el traslado del ejército de Marruecos a la Península, hecho éste de valor decisivo en las primeras fases de la contienda.

 

Ayuda soviética

La intervención ítalo-alemana y la ayuda soviética a la República, que empezó a llegar en octubre del 36 y que contribuyó a salvar Madrid, acarreaba un grave riesgo de internacionalización del conflicto, que llevó a las potencias europeas a firmar el acuerdo de no intervención. El pacto fue rubricado por Alemania, Italia y la URSS para guardar las apariencias, en tanto que las democracias lo cumplieron escrupulosamente, dejando al gobierno Republicano abandonado.  

Por el contrario, el 18 de noviembre, al unísono, Alemania e Italia reconocieron al gobierno de Franco. Toda una declaración de intenciones frente al mundo, no iban a permitir que Franco perdiera la guerra.   

El inicio de la participación activa de tropas italianas en la guerra se produjo a comienzos de 1937, con la toma de Málaga. Este éxito fácil animó el deseo de participar en una ofensiva importante que permitiera ganar el prestigio ansiado por Mussolini. 

Esta ocasión se produjo en la ofensiva de Guadalajara, donde el CTV acumuló 35.000 efectivos y que se saldó con una clamorosa derrota, 3.000 bajas y la desbandada general de los italianos.

Esta derrota tuvo consecuencias políticas, provocó graves desavenencias entre Franco y Mussolini y la disminución de la influencia fascista. Aunque Franco no deseaba volver a utilizar el CTV en nuevas ofensivas, los italianos no dejaron de participar en las operaciones militares en todos los frentes de guerra hasta el final de la contienda, más de 75.000 soldados pasaron por sus filas.

Un grupo de turistas en Sant Felip Neri.

Un grupo de turistas en Sant Felip Neri.

 

Operaciones aéreas

Mucho más significativa resultaría la ayuda italiana en cuanto a las operaciones aéreas se refiere. Las fuerzas aéreas italianas llegarían a sumar 758  aviones encuadrados en la Aviación Legionaria, que junto a la Legión Cóndor alemana iban a proporcionar la superioridad aérea al bando sublevado durante toda la guerra. 

El peso de la aviación de bombardeo italiana se iba a hacer notar sobre la retaguardia republicana gracias a las bases establecidas en Mallorca.

Mallorca, a diferencia de Menorca, se había unido a la sublevación en agosto de 1936. Una expedición partida de Barcelona estuvo a punto de recuperar la isla para la República. Fue entonces cuando Italia envió refuerzos, aviones, sobre todo, y la isla se salvó.

A partir de ese momento, en la práctica, el llamado Conde Rossi, al mando de las fuerzas italianas, se hizo dueño casi absoluto de la isla, quedando establecida una importante base aérea desde la que la aviación italiana iba a realizar continuas incursiones sobre el levante peninsular, la retaguardia profunda de la República.

Es en este contexto y llegado el mes de enero del 38, cuando la República se hartó de recibir sin responder a los ataques sobre la población civil y lanzó por primera vez una serie de ataques a ciudades de la retaguardia nacional, tales como Salamanca, Sevilla y Valladolid.

Con esta demostración de fuerza (aunque limitada), el ministro de Defensa Indalecio Prieto realizó una oferta de tregua en los bombardeos sobre ciudades: “La aviación se abstendrá en absoluto de bombardear las poblaciones de la retaguardia lejana si el enemigo desiste de hacerlo”.

Esa oferta de tregua fue respondida con el bombardeo sobre Barcelona del 30 de enero. El de las bombas en Sant Felip Neri.

Una mujer paseando con un carrito de bebé en Sant Felip Neri.

Una mujer paseando con un carrito de bebé en Sant Felip Neri.

 

Barcelona, objetivo prioritario

Barcelona, capital de la República desde noviembre de 1937 y cada vez más cercana a los escenarios de las grandes batallas de la guerra civil, se convirtió en objetivo aún más prioritario de la aviación italiana y alemana al servicio de Franco. Ese año de 1938 se produjeron la mayoría de las más de 200 incursiones aéreas, que acabaron con las vidas de casi 3.000 barceloneses.

Entre ellos el más terrible, ya ha entrado en las páginas negras de la historia de la ciudad, tuvo lugar durante los tres días sangrientos de marzo, que incluyen la bomba del Coliseum que, al caer sobre un camión de explosivos, provocó una explosión que segó casi 1.000 vidas. 

Fue Mussolini personalmente quien ordenó los bombardeos indiscriminados sobre Barcelona de los días 16 a 18 de marzo de 1938. En ellos se ensayaron nuevas tácticas de saturación, martilleando la ciudad a intervalos sobre los mismos puntos y alcanzando a las brigadas de salvamento que intentaban rescatar a los heridos.

Posteriormente, Franco prohibiría proseguir este tipo de ataques porque causaban daño en la imagen internacional del régimen. 

En conjunto, la aportación italiana a la guerra fue superior a la alemana y tuvo el valor decisivo de proporcionar a los sublevados la superioridad aérea cada vez más relevante en la guerra moderna. Italia también aportó numerosas unidades de la flota naval que participaron activamente en el bloqueo marítimo de la República, así como en operaciones de bombardeo sobre puntos estratégicos de la costa.

El apoyo diplomático internacional de Italia y de Alemania, fue decisivo también, inhibiendo especialmente a Francia de prestar el apoyo que la república hermana le estuvo reclamando toda la contienda. Francia intentaba evitar por todos los medios el antagonismo con Italia y Alemania, en un esfuerzo por apaciguar su más que manifiesta agresividad, una ambigüedad que solo perjudicó a la República y a la larga tampoco benefició a Francia.

Finalmente, a pesar del enorme coste económico y los compromisos aceptados en los acuerdos del gobierno sublevado con Mussolini y Hitler, de una forma u otra, Franco eludió su cumplimiento… quizás, la bomba de Sant Felip Neri nunca fue pagada, algo que sí hicieron sus víctimas


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