La mula Boston Curtis

Las primarias de la mula


TONI AYALA (textos)

Ya hace unos cuantos años que se ha puesto de moda en buena parte de los partidos la convocatoria de primarias para elegir a su candidato para encabezar la lista en las elecciones. El sistema es muy americano, aunque tiene sus lagunas, lo que podríamos llamar como el Síndrome del Milton Mule.

Las primarias son especialmente significativas en los comicios municipales. Sin ir más lejos, a finales de noviembre del año pasado, la plataforma Primàries Catalunya presentó a los 65 candidatos que iban a concurrir a las votaciones para configurar una candidatura unitaria independentista para las elecciones municipales en Barcelona.

En diciembre, el filósofo Jordi Graupera ganó las primarias, con más de 7.715 votos, y manifestó que, con una participación de cerca de 10.000 electores, había sido el proceso de primarias más concurrido de la historia de Barcelona. Efectivamente, están más de moda que nunca.

Pero, en la historia más reciente de las primarias en la capital catalana ha habido de todo para dar argumentos a sus detractores.

Alfred Bosch, por ejemplo, fue elegido candidato de ERC, pero el proceso no sirvió para nada, porque después fue sustituido por Ernest Maragall. De hecho, se intercambiaron los cromos, ya que Bosch acabó de conseller de Acció Exterior.

Otro ejemplo es Neus Munté, que ganó las primarias del PDeCAT para ser la alcaldable. Se impuso a Carles Agustí con el 67% de los votos. Pero, a la larga, parece ser que tampoco sería la jefa de filas en una candidatura conjunta con la Crida. 

Por otro lado, se montó la plataforma de primarias para crear una lista unitaria independentista, pero, en la práctica, parece ser que habrá diversas listas independentistas que concurrirán por separado a las elecciones municipales.

Por lo tanto, el Síndrome de Milton Mule está muy presente en la órbita política municipal de Barcelona, puesto que, esta vez, han primado las Primarias de la Mula.

Boston Curtis

Para entenderlo hay que situarse en el día 13 de septiembre de 1938, cuando Boston Curtis ganó el puesto de comisario del distrito electoral republicano por Milton (Washington), una población que hoy en día tiene algo más de 6.000 habitantes, pero que, por entonces, era bastante más pequeña.

Los republicanos estaban encantados con la victoria de Boston Curtis en las primarias. Venció pese a que ni siquiera había realizado campaña electoral. De hecho, no dio ni un solo discurso. Pero, como tampoco tuvo oposición, consiguió ganar tras conseguir 51 votos.

Tras su victoria, había mucho optimismo. Los republicanos ya tenían al miembro de su comité de Milton. Ahora bien, cuando lo fueron a celebrar con el ganador, se quedaron perplejos al darse cuenta de que Boston Curtis era una mula de orejas largas, pelaje marrón y muy, muy dócil.

¿Cómo podía ser que un animal se hubiera presentado a unas elecciones y que, además, las hubiera ganado? Pues, porque su victoria electoral había sido diseñada por el alcalde demócrata de Milton, Kenneth Simmons. 

El político había llevado la mula al palacio de justicia y había colocado su huella en todos los documentos necesarios para registrarla como candidato republicano a las primarias. El propio Simmons firmó como testigo.

A Simmons se le ocurrió el nombre de “Boston Curtis” al combinar el de la mula, Boston, con el de su propietario, el sr. Charles Curtis.

Pero, ¿por qué Simmons actuó así? Primero, porque él era demócrata y quería avergonzar al Partido Republicano. Y lo hizo por partida doble, ya que sus adversarios no solo habían elegido a una mula, sino que para los demócratas, cuyo símbolo del partido es un burro, era como si hubieran votado por un amigo o un familiar de su mascota. 

Pero, la segunda razón y más importante, es que el alcalde demócrata quería demostrar la ineficacia del sistema de primarias, ya que, según declaró, los votantes a menudo “no saben a quién apoyan”.

El episodio de Milton Mule tuvo eco en todo el país y las caricaturas de la mula que había llegado a ser el candidato electo republicano se convirtieron en un símbolo del poco interés que la política puede llegar a generar entre la ciudadanía.

La moraleja podría ser que, si organizas unas primarias, al menos asegúrate de que son eficaces y, de paso, de que no hay ningún animal de candidato.


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