Investiduras y atajos


TONI AYALA (texto y foto)

Los culebrones políticos de las investiduras no son solo algo ‘made in Spain’, sino que se podría decir que en todas partes cuecen habas. Entre 2010 y 2011, Bélgica logró un hito mundial, superando la anterior marca de Camboya, y estuvo 541 días sin gobierno.

Podría parecer que aquello fue un drama, pero lo curioso es que el país siguió adelante e incluso mejoró sus resultados económicos y sociales. Si bien los mercados se pusieron cada vez más nervisos, lo cierto es que, por ejemplo, el paro bajó.

El Parlamento belga siempre ha estado tradicionalmente fragmentado, en un país con una alta diversidad cultural, con flamencos y valones. La prueba es que, en 1988, tardaron 150 días en forjar una coalición, y, en el periodo 2007-2008, el país estuvo así nueve meses y medio, aunque lejos del récord de 541 días sin gobierno del periodo 2010-2011.

Los partidos políticos en España intentan ahora abrir el melón de la reforma constitucional o de los cambios en la ley electoral para facilitar la formación de un gobierno en un contexto de mayor diversidad. Es decir, como el bipartidismo ha desaparecido, la solución que se propone es ponérsolo fácil a la lista más votada para que gobierne.

El PP parece que apuesta por la fórmula griega, es decir, regalar un bonus de 50 escaños al ganador. Dicho de otra manera, el Congreso pasaría de 350 a 400 escaños (se supone que habría que hacer reformas para ampliarlo, como en el Bernabéu o el Camp Nou). Pero, ¿es que no hay ya suficientes diputados y diputadas? Además, con esta solución, Pedro Sánchez (PSOE) tampoco podría formar gobierno hoy en día sin pactar con otra formación.

Los socialistas proponen una reforma constitucional para que no pase ahora lo que ya sucedió entre 2015 y 2016, cuando España se mantuvo 314 días sin gobierno. La idea es retocar el artículo 99 de la Constitución para facilitar que gobierne la lista más votada.

En realidad, hay otras opciones, también, como que haya una segunda vuelta con los dos candidatos más votados en las elecciones.

Sea como sea, esta situacion evidencia la falta de cultura de coalición en la política española, más acostumbrada a que gobernara el PP o el PSOE, alternándose según soplaran los vientos mayoritarios de la sociedad.

Pero, los tiempos han cambiado y llama la atenció que, en vez de adaptarse, la clase política prefiera coger cualquier atajo antes que sentarse a dialogar con otras formaciones políticas y llegar a acuerdos. Si los españoles han votado que sea necesario pactar para gobernar, ¿no se adultera la democracia en España proponiendo otras salidas diferentes a un acuerdo de gobierno reflejo de la mayor diversidad actual de opciones políticas en el país?

Por último, hay una solución que ningún político propondrá. Si de verdad se quiere reformar la ley electoral o la Constitución, ¿por qué no se establece la obligatoriedad de pactar -con sanciones para los partidos si lo incumplen- en un periodo acotado de tiempo y sin opción de volver a convocar elecciones?

Quizás bajo la amenaza -por ley- de recibir menos dinero de las arcas públicas si no pactan a tiempo, los partidos sí que se ponen de acuerdo en seguida. De hecho, hoy en día, muchos pactos se cierran no por una cuestión de ideología, sino simplemente para asegurar más ingresos.

 


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