La Purga


TONI AYALA (texto)

La literatura y el cine son fascinantes. No solo nos trasladan a todo tipo de mundos y nos invitan a vivir situaciones bien diversas, sino que, a veces, nos hacen reflexionar sobre un posible futuro que nos pueda esperar.

Nos podríamos preguntar si la necesidad de respuestas de la sociedad actual no es el motivo por el cual tienen tanto éxito las obras de ficción utópica y ficción distópica, donde se exploran las estructuras sociales y políticas.

La ficción utópica se refiere a la utopía, término utilizado para designar un mundo ideal donde todo es perfecto. Por el contrario, la ficción distópica (a veces, apocalíptica) se refiere a una sociedad que, pretendiendo la felicidad, hace sufrir sistemáticamente a sus ciudadanos o degradándolos a un olvido irreversible. Es cierto que​ muchas novelas y películas combinan ambas ramas de este tipo de ficción, sobre todo a modo de advertencia de cómo puede terminar la humanidad.

Se puede decir que la literatura distópica nació en 1921, cuando el ingeniero ruso Yevgeni Zamiatin publicó ‘Nosotros’, donde presenta a unos seres sin nombre que sufren bajo el yugo del poder absoluto. Se empezaba a dibujar un futuro carente de privacidad y libertades, en el que la ciencia y la tecnología sirven para que unas élites todopoderosas esclavicen a la humanidad.​

Tras la publicación de Nosotros, llegarían tres grandes clásicos: Un mundo feliz, de Aldous Huxley; 1984, de George Orwell, y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Estos exploran el totalitarismo, la industrialización y las guerras mundiales, además de tratar temas como la eugenesia o la erradicación de la cultura.

Por su parte, se atribuye el uso por primera vez de la palabra utopía a un trabajo de sir Thomas More (o Tomás Moro) del año 1516, titulado Utopía, que presenta una proyección ambigua e irónica del Estado ideal. Aún así, hay quien considera que una obra clásica utópica fue La República de Platón.

Los acontecimientos actuales y de los últimos años nos llevarían a pensar que nos podemos encaminar hacia una sociedad cercana a la ficción distópica. Los sucesivos episodios de terrorismo global, ya sea vinculados a los extremismos religiosos yihadistas como a los supremacistas neonazis blancos, así como el auge de las elites de la ultraderecha, como el Brasil de Jair Bolsonaro o los Estados Unidos de Donald Trump, preconizan un tipo de ley y orden rebozada con discurso distópico.

La estrella es el derecho a usar armas. O, mejor dicho, el derecho de los que se creen más poderosos a utilizar las armas contra aquellos que consideran más débiles, infieles, impuros, pobres… En Brasil, Bolsonaro cumplió su promesa de extender el uso de las armas entre la población y, poco después de llegar al poder, unos adolescentes perpetraron la matanza de Sao Paulo.

En Christchurch (Nueva Zelanda), un iluminado supremacista blanco accede a fusiles de asalto y causa una masacre en dos mezquitas, una acción por la cual no siente el más mínimo arrepentimiento, puesto que ya vive en su mundo distópico. Lo mismo ocurre en escuelas, universidades, institutos u otros lugares públicos y privados de Estados Unidos, donde periódicamente salta la noticia de otra tragedia vinculada al uso generalizado de las armas.

Una de las películas sobre ‘La Purga’.

En España, el partido de la ultraderecha Vox ha vuelto a marcar un gol, por lo que se refiere a centrar el debate de la precampaña electoral. Dentro de su fábula distópica, la formación de Santiago Abascal quiere que “los españoles de bien” puedan llevar armas para defenderse de los delincuentes.

El matiz es importante, puesto que marca una línea distópica que nos hace imaginar una España en la cual sea Vox quien delimite quien puede ser considerado o no “un español de bien”. ¿Existe el riesgo de que la distopía se transforme en xenofobia armada?

Ahora podemos hacer un ejercicio de imaginación. Nos tenemos que situar en el año 2022:

“El control de la sociedad está bajo un estricto régimen totalitario. Después de una enmienda constitucional, se crea La Purga anual, un evento que ocurre cada año desde las 7:00 PM del 21 de marzo hasta las 7:00 AM del 22 de marzo. Durante ese tiempo, todo delito conocido es legal, y todos los servicios (policía, bomberos y hospitales) están cerrados. Se dice que actúa como una catarsis para los ciudadanos, pero en realidad, se utiliza como método artificial de control poblacional, en el que las personas más pobres y sin hogar son eliminadas. La Purga sólo tiene dos reglas: los funcionarios del gobierno de “rango 10” o superior poseen total inmunidad y está prohibido el uso de armas por encima de “Clase 4” (por ejemplo, de destrucción masiva). Cualquier persona que no siga las reglas de la purga será ejecutado. Durante los días anteriores a La Purga, las personas que no quieren participar compran los artículos necesarios para protegerse, como armas y sistemas de seguridad, y durante La Purga se atrincheran en sus casas. Las casas residenciales de clase alta y los distritos financieros están, por lo general, a salvo de los alborotos violentos”.

Se trata del argumento de la película La Purga, que tuvo tanto impacto que ha dado lugar a toda una saga, a cual más exitosa. De hecho, tras el estreno de una de las entregas, la Policía francesa arrestó a más de cien personas que acudieron enmascarados a varios suburbios de París y al centro de Lyon tras un llamamiento en redes sociales a realizar “una purga”.

La primera entrega del filme, de 2013, fue ‘La Purga: La noche de las bestias’, dirigida por James DeMonaco y protagonizada por Ethan Hawke, Lena Headey, Adelaide Kane y Max Burkholder. La distópica trama de la película presenta a los llamado Nuevos Padres Fundadores de América, un partido político totalitario que gobierna tras el colapso económico de EE.UU y que permiten una noche al año de crímenes legales.

Nos tenemos que preguntar si ciertos discursos políticos en España no empiezan a sonar más a líderes que se erigen en Nuevos Padres Fundadores que a simples representantes públicos con vocación de mejorar la vida de todos los españoles.

“No queremos parecernos a EEUU en el aspecto del uso de armas; es insensato, un retroceso” y supone “imitar lo peor de otros países”. Así ha respondido el Gobierno de Pedro Sánchez a la propuesta del líder de Vox, Santiago Abascal , de cambiar la ley para permitir que “los españoles de bien” puedan disponer de armas en casa destinadas a la autodefensa. Por su parte, el PP también la ha rechazado: “Proponer que los españoles llevemos pistola por la calle, no”.

En España, hay un sistema de control de armas que, en líneas generales, funciona. Incluso cuando alguien con permiso para tener pistola la ha utilizado para defenderse de ladrones, ha tenido que responder por ello. No hay nadie, de momento, que decida entrar en un instituto y liarse a tiros, como tampoco las tasas de asesinatos son tan altas como en otros países donde se ha generalizado el uso de las armas.

¿No será que dar revólveres a los “españoles de bien” serviría para purgar la sociedad de acuerdo con los Nuevos Padres Fundadores?


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